sábado, 14 de febrero de 2015

Mitos felinos: ¿Son los gatos criaturas celestiales?

Criatura controvertida, el gato no tiene término medio: o ángel o demonio. ¿Qué es para ti?



En otra entrada, ya vimos la cantidad de leyendas negras que corren sobre el gato identificado con lo satánico, las brujas y la mala suerte. Pero nuestros adorados felinos tienen otra cara: magia blanca, pequeños dioses o ángeles en la tierra. 





Los Egipcios y sus gatos

En el Alto Egipto a los gatos macho se le llamaba Miw (clara onomatopeya de un maullido) y Miwt para las hembras.  Tal era su relevancia que tenían una ciudad de culto, Bubasti, donde se ha hallado una gigantesca necrópolis de gatos. 

Aquí hay gato enterrado...


Incluso se les menciona en el Capítulo XVII del Libro de los Muertos, manual de instrucciones para no perderse por el supramundo. Para ampliar datos, os recomiendo esta entrada del blog papirosperdidos sobre los gatos en el Antiguo Egipto que me ha parecido de lo más completo e interesante. 


Una casa con gatos siempre está llena... de gatos


Leyéndolo me llamó la atención un dato: Los felinos egipcios se asociaban no con la noche y la luna -como les sucedió en la Edad Media (Edad luminosamente oscura)- sino con el día y el sol, es decir, con el dios RA. Uno de los sobrenombres con que era conocida Bastet (diosa de la armonía y la felicidad con cuerpo de mujer y cabeza de gato) era Ojo de Ra, considerada hija del sol e identificada con su ojo. Esta salvaje “Gata de Ra” era capaz de decapitar a Apofis, el dios de las fuerzas maléficas que habitan el Duat y las tinieblas, eterna enemiga del dios sol. Los egipcios también veneraban a estos reptiles (tan abundantes por las orillas del Nilo) por si las moscas se volvía contra ellos como a la maltrecha Eurídice. 
Apofis -en su forma ofídica- me trajo a la memoria a la serpiente tentadora de Adán y Eva, mito que  no descartaría que los judíos hubieran conocido y recogido de la mitología egipcia en su periodo de esclavitud por aquellos reinos. Lo que queda claro es que si alguna criatura viviente tiene poder suficiente contra las o-diosas serpientes es el gato. Lástima que nuestros primeros padres sin ombligo no tuvieran ninguno cerca cuando a Eva se le ocurrió morder la manzana. Ahora la Biblia contaría otro cuento, más amistoso con nuestros gaturros. 




Los egipcios guardaban a sus gatos como oro en paño y tenían terminantemente prohibido comerciar con ellos. Dice la leyenda que los griegos, codiciosos por mercadear con animal tan preciado, secuestraron 6 parejas que se reprodujeron prolíficamente en el Ática y de allí los exportaron por toda Europa llegando a los Países Nórdicos donde consiguieron filtrarse en la mitología local. 
Para los hijos de Thor, el gato es el animal sagrado de Freyja, diosa del amor y la belleza, las fuerzas del bien, sanadora, dadora de magia y fuente de amor y paz. Dos Skogkatt, grandes gatos de los bosques noruegos -que les dan sopa con ondas a cualquier otra raza europea- tiran de su carro de guerra desde el que lidera a las Valquirias en la batalla.  El gato es su animal de poder y alter ego, por ello lo utiliza para comunicarse con los humanos que le muestran devoción. Algunos entienden sus mensajes, otros no. Pero, no culpemos al mensajero...



Somos tan hermosos como fríos...

El gato, un dios en oriente

Aunque se cree que los gatos llegaron a Oriente a través de la ruta de la Seda, donde se intercambiaban como joyas preciosas vivas, un estudio reciente ha demostrado que hace 5.300 años los gatos convivían con poblados de humanos en la China rural, unos mil años antes de que lo hicieran con los egipcios. Lo que lleva a plantearse si los gatos vienen de China o de la tierra de los Faraones. ¿Qué es antes el huevo frito a la gallinita ciega? 


No lo veo nada claro, ¿soy china o egipcia?

Es muy probable que hubiera gatos autóctonos en Oriente pero los que llegaban de occidente eran mucho más preciados, como un coche de importación o un bolso de marca, no una imitación de los chinos. Sea como fuere, en la antigua China, el gato era conocido desde la dinastía Han (3000 años a.C.) donde era muy apreciado como cazador, belleza y protector de espíritus oscuros a los que ahuyentaba con la luz de sus ojos. 
Por estas cualidades se le identificó con Li-Show, una deidad con cuerpo de gato salvaje a medio camino entre león y mono, protector de cosechas y de la fertilidad agraria. 
También existen leyendas mitológicas que dan a los gatos el papel de interlocutores y consultantes entre dioses y hombres, pero como atendían poco o nada a sus obligaciones (más ocupados en dormitar y jugar) los dioses les arrebataron el don de la palabra para dárnosla a nosotros (¡desgraciados!) relegando a los gatos como guardianes de la humanidad, al darse cuenta los dioses de lo ineptos que somos para las cuestiones divinas.  

Vaya trabajito el mío. Aquí pegado me he quedado...


En la India, fueron tan honrados como en Egipto e identificados con Satí Kira, diosa de la longevidad, la felicidad marital y primera consorte de Shivá. No he encontrado datos que apunten a la presencia de gatos en el tremendo ritual sati en el que la viuda se inmolaba viva en la pira funeraria de su marido con el fin de purgar sus pecados y así garantizarle una reencarnación más feliz. Espeluznante. 


Me piro de la pira... No estoy pirado.


El gato también se coló en el Budismo desde sus orígenes. Cuenta una leyenda que, con motivo del nuevo año chino, Buda invitó a todos los animales a una gran fiesta en su reino para restablecer el orden mundial. Se presentaron sólo doce animales a los que Buda premió otorgándoles un año a cada uno, los mismos animales del Horóscopo chino. También corre la leyenda de que los únicos animales que no se conmovieron con la muerte de Buda fueron el gato y la serpiente, más sabios que el resto de las bestias.

En el budismo Zen algunos maestros meditaban con sus alumnos y un gato, al que otorgaban el poder de inducir al trance y eliminar las energías negativas. 


Ando meditando, meditando ando...


Gracias al budismo, el gato llegó a Japón (Hello Kitty!) hacia el siglo VI d.C. El primer dato documentado de su presencia en el archipiélago es del 19 de septiembre de 999, cuando el emperador Ichijo recibió un gatito por su cumpleaños decimoterceroEn concreto un Bobtail (gatos sin rabo), raza que coleccionaba. Parece que llegó a tener cinco. Uno de ellos fue la gata Myobu no Otodo, “Jefa que vigila en el Palacio”, todo un personaje: tenía a su cargo varias mujeres y usaba un collar rojo con pendiente blanco. Una auténtica diva. 
Sin embargo en Japón, el gato nunca llegó a estatus de deidad, pero sí fueron muy respetados tanto como portadores de buena suerte o de malos augurios. 




Entre los gatos de buena suerte está el famosísimo Maneki-neko, el gato de la manita nerviosa, que tiene su propia leyendaEn el período Edo (1600-1868) cuando los monjes pasaban grandes penurias, un rico señor feudal se refugió durante una tormenta eléctrica bajo un árbol frente a un modesto monasterio budista, Gotokuji, a las afueras de Tokyo. En la puerta un gatito que vivía con los monjes le hizo señas. El le siguió; entonces el árbol fue alcanzado por un potente rayo. El gato le salvó la vida y en agradecimiento, el rico señor recompensó al monasterio, rescatándolo de la pobreza. Por eso Maneki-neko, el gato “llamador”, es la reencarnación del dios de la misericordia y el agradecimiento. Por eso en Japón existe una ley no escrita de causa-efecto que asegura que "si matas un gato, serás maldecido durante siete generaciones”. No es moco de pavo. Los Egipcios siglos antes y a miles de kilómetros tenían la misma ley. Curioso, ¿no?

Maneki-nekos a saco, lo mío pá mi gato

El gato ¿vino del cielo?

Hace unos días leí una deliciosa novelita japonesa con un lindo gatito como protagonista: El gato que venía del cielo
Una historia sencilla pero conmovedora que toca la fibra sensible de cualquier amante de los gatos, cercano o lejano. 
Es curioso como la mujer del narrador (voz del escritor) en un momento dado, asegura que Chubi "es un regalo del cielo"
No todos los consideran criaturas celestiales, pero sí existe una creencia bastante extendida sobre el poder de los gatos para sentir y eliminar las energías negativas que rondan por la casa, limpiar los espacios de "fantasmas" y acompañar nuestros sueños cuando el cuerpo astral se va de viaje. Es decir, trabajan para nosotros como pequeños ángeles de la guarda. 


No soy un paquete ni un juguete, así que respeto o te dejo


De eso parece dar fe (nunca mejor dicho) el exPapa Benedicto XVI, amante declarado de los gatos que le siguieron al Vaticano cuando fue elegido Santo Padre y se fueron con él al renunciar al pontificado. En su adoración por estas hermosas criaturas paganas, hay numerosos testigos que aseguran que Joseph Ratzinger mantiene animadas conversaciones con los felinos que se encuentra por la calle hablándoles en un lenguaje inventado que ellos parecen comprender sin traductores. Daría algo por verlo. Sólo por su declarado amor a los gatos, viva Ratzinger Z. 


Con un gato en el corazón, se siente más cerca a Dios. 

Personalmente, soy escéptica a la hora de afirmar que los gatos poseen poderes extrasensoriales, extraterrestres o espirituales. Creo que tienen unos sentidos afinadísimos que les alertan de energías, sonidos, cambios de luz y aromas que nosotros no percibimos; creo que su silencio y templanza, un viejo resabio de su antigua vida salvaje, les aleja diametralmente de los ruidosos e inquietos perros y de los hábitos marranetes de los animales de granja y su halo innegable de elegancia y misterio desde siempre nos ha cautivado doblegándonos a su carácter semidoméstico que nos obliga a demostrarle lealtad firme y constante, pues él es el jefe indiscutible. Todo ello sumado a su ternura, su encanto irresistible y su capacidad constante para sorprendernos, nos tiene tan hechizados como lo estaríamos si bajara un ángel del cielo a dormir en una esquinita de nuestra cama. 












2 comentarios:

  1. Si que son ángeles. Tuve 2 gatos llamados Pocholo y Willy. Desgraciadamente mi vecino los envenenó en venganza por haber puesto una verja sin pedirle permiso. Espero que Bastet lo maldiga como se merece. La cosa es que un año después mi marido me hizo una foto mientras yo dormía la siesta. En ella aparecen los dos gatos, semitransparente. El que mejor se ve es Pocholo, que era snowshoe grey point, durmiendo a mi lado, y en la almohada, mi Willa, que era blanco, con su cabeza apoyada en mi cabeza. Es un milagro paranormal, pero demuestra que han elegido quedarse conmigo, durmiendo la siesta como hacían cuando estaban vivos. Un saludo.

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    1. Es alucinante lo que cuentas!!! Me encantaría que compartieras la foto con todos nosotros porque nunca había oído una historia como esa.
      Desde luego el asesinato de tus gatos no quedará impune. Los crímenes contra criaturas inocentes siempre se cobran de un modo u otro.
      Un abrazo fuerte y gracias por compartir tu experiencia en mi blog.

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